viernes, 19 de febrero de 2010

XXL

He leido esto en el 20 minutos y me ha parecido interesante por la parte que me toca sobre todo...

En el mundo de la moda, lo mismo que en la música y el arte, se están derribando murallas y rompiendo las cadenas que mantenían aprisionados los michelines y la autoestima de las mujeres pasadas de peso. Modelos, cantantes, artistas, actrices y diseñadores abren fuego contra los tabúes y apuestan por la belleza XXL.
Una mujer gorda consulta a su médico: «Doctor, veo reflejos brillantes». «Debe usted perder peso» es el consejo que recibe. Como la molestia se acrecienta, la paciente solicita otro diagnóstico: después de ser sometida a varias pruebas, se descubre que tiene un tumor cerebral. La gordura es el último tabú. En una sociedad dominada por las apariencias, la discriminación de los gordos es una injusta ley. El ciudadano de a pie, que sigue un régimen alimenticio basado en el placer y está impunemente fuera de forma, identifica obesidad con depravación y se ensaña con crueldad en los que están más gordos y, sobre todo, más gordas que él. Haber nacido con metabolismo lento, exceso de apetito o con algún trastorno de la tiroides es una maldición para la mujer del siglo XXI.
«Tienes que escuchar frases que no te gustaría: “¿Por qué no adelgazas un poco?” o “¡con la cara tan bonita que tienes, qué pena que estés tan gordita!”». Lara Aragón es payasa. Su padre, Gaby de Los Payasos de la Tele, le enseñó desde pequeña los trucos y los secretos de la profesión. Tiene los ojos grises y unas facciones perfectamente simétricas. Lara se hizo famosa como miembro de Los Gabitos, troupe familiar de payasos, donde enfrentaba una nota de dulzura a las gamberradas y bromas de sus hermanos. Le sobra un poco de peso: «Lloré mucho el día que me dijeron: “No me extraña que no se venda nada con gente como tú de cara al público”». Pero algo está cambiando: en las portadas de algunas revistas de prestigio empiezan a asomar otro tipo de bellezas que están en el extremo opuesto de la anorexia. Beth Ditto, Velvet D’Amour o Crystal Renn son algunas de las caras de esta revolución a favor de los kilos.
En busca de la belleza oronda
«Existe un movimiento en busca de un tipo de belleza diferente y estoy muy contenta de formar parte del mismo. Creo que la moda debe estar siempre evolucionando y sería mucho más interesante si las revistas y las pasarelas estuviesen llenas de gente de todas las tallas y de todas las razas, gente joven, gente vieja y gente con distintas discapacidades». Fotógrafa, actriz y modelo, la neoyorquina Velvet D’Amour ha desfilado para John Galliano y Jean Paul Gaultier y se ha hecho famosa sin perder ni un gramo de grasa. «Si hubieras crecido completamente aislado, ¿no podría ser que lo que te atrajese fuese la blandura de una barriga gorda o la sabiduría de un rostro arrugado?».
«¿Por qué no tenemos en televisión presentadoras rellenitas sexis y atractivas?», pregunta Lara Aragón, que combina su actividad artística con su trabajo detrás de las cámaras en la producción de programas. «Una gordita es tan válida como cualquier otra. ¡Ojo! Que con esto no digo que no haya que cuidarse, hay que cuidarse, pero sin obsesionarse».
«No estoy de acuerdo con la definición de gorda», protesta Gwendolyn DeVoe, afroamericana de aspecto elegante con 15 años en el mundo de la moda. Empezó como modelo de tallas grandes y es fundadora y presidenta de una empresa especializada en organizar y promover eventos para impulsar la presencia de las mujeres gordas en los medios y en la sociedad. Gwen montó hace 11 años la primera academia para modelos de tallas grandes y es la organizadora de la Full-Figure Fashion Week, donde se presentan las colecciones de los mejores diseñadores de tallas grandes.
¿De la pasarela a la calle?
«Los modistos diseñan tallas grandes para epatar, pero también para ampliar el mercado dado el aumento de la obesidad en la sociedad occidental», explica el profesor Luis Perdices de Blas, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid. «Son ellos los que tendrían que ayudar a los consumidores a aceptar su cuerpo y a sacar mejor partido de su físico ofreciéndoles mayor variedad de productos». «Las revistas no se atreven a romper los cánones», lamenta Gwen. «Necesitan dar a los anunciantes lo que piden, por eso hacen falta publicaciones que nutran a la industria de las tallas grandes».
Velvet vive en París y luce con salero la ropa de alta costura. «Muchas mujeres se juzgan a sí mismas negativamente en comparación con el ideal de belleza inalcanzable que nos imponen», declara. «Creemos que las modelos son felices porque nos parecen perfectas, pero ellas también se enfrentan a la dificultad de quererse a sí mismas porque se las juzga sólo por su aspecto. Eso es muy duro». «El cuerpo es una cosa construida culturalmente. En según qué época histórica se van privilegiando unos tipos: lo que se lleva ahora es este volumen de pecho, de pómulos, de labios, este color de pelo o lo que sea», dice el comisario de arte Xabier Arakistain, actual director del Centro Cultural Montehermoso en Vitoria.
Radicalmente feminista, Arakis aplica una rígida política de igualdad en el ámbito artístico y cultural. «En otras culturas el peso es símbolo de riqueza y de que sus maridos son capaces de alimentarlas bien», dice Leonard Nimoy, el celebre Mr. Spock del universo Star Trek. Reputado fotógrafo, a sus 76 años, Nimoy ha causado un pequeño revuelo en el mundo artístico con The full body project, su serie de desnudos de mujeres gordas. «La mujer americana pesa un 25 por ciento más que las modelos que exhiben los vestidos. Es imposible que les sienten como a ellas, así que se les venden píldoras, dietas, tratamientos y cirugías para que puedan parecerse a esas modelos. Es una industria de billones de dólares, pero lo peor es que a esas mujeres se les está diciendo “tu físico está mal”».
Historias paralelas
Crystal Renn es una belleza deslumbrante de facciones perfectas. Tenía 14 años y estaba tomando un helado cuando un cazatalentos le dijo: «Puedes ser una top model, pero tienes que librarte de esas caderas». Crystal se puso a dieta. «Pasaba todo el día a lechuga y entrenaba hasta ocho horas en el gimnasio». Llegó a pesar 43 kilos, entre sus piernas cabían cuatro dedos, su torso era una caja plana con el relieve de las costillas evidente en cada pose. Su cara no tenía expresión porque, mientras lucía los preciosos diseños que los estilistas elegían para ella, Crystal no tenía más que una idea: hambre, hambre y hambre. Pronto empezó con los supresores de apetito y otras drogas legales. Estaba constantemente deprimida, tenía palpitaciones y se le caía el pelo.
Hace tan sólo unos meses, la bonita y exuberante Leticia Herrero caminaba por la calle con su cabellera cobriza al viento. Leticia pesa 70 kilos, tiene una cara angelical, los ojos perfectamente azules y es una de las pocas modelos profesionales de tallas grandes que hay en España. También es una excelente actriz que en su debut cinematográfico con Gordos, de Daniel Sánchez Arévalo (que narra las experiencias de varias personas pasadas de peso en una terapia de grupo), ha ganado el premio a la mejor actriz del Festival de Montecarlo. Nada de eso fueron capaces de percibir los cuatro gamberros que le lanzaron insultos y burlas al verla pasar. Para ellos Leticia era sólo una chica gorda y esta circunstancia les otorga el derecho inalienable de meterse con ella. ¿Qué hubieran hecho un año antes cuando Leticia pesaba 20 kilos más?
Leticia y Crystal tienen historias paralelas con conclusiones inversas. Crystal se desmayó en la acera de Madison Avenue. Ese día comprendió que si quería sobrevivir tenía que comer y se zampó una ensalada de salmón abundantemente aliñada con algo que no probaba desde hacía siglos: un buen chorro de aceite de oliva. Comenzó a ganar peso mientras su piel, su pelo y su cara adquirían una belleza fulgurante. Con su recién recuperada salud, Crystal ganó unas curvas que cortan el hipo y se ha convertido en una de las modelos más cotizadas. Dos años después cerró la pasarela en la Semana de la Moda parisina envuelta en los tules y flores artificiales de Jean Paul Gaultier. Ha posado para las ediciones de Vogue de todo el mundo, los mejores diseñadores están locos por ella, es la imagen de varias marcas y de la lucha contra el cáncer de mama. Su libro Hambrienta es un terrible testimonio de lo que pueden provocar los prejuicios y la crueldad del mundo de la moda en particular y de la sociedad en general. Fue editado el pasado septiembre y ha convertido a su autora en portavoz de la lucha contra la anorexia.
Por su parte y por exigencias de su papel en Gordos, el único trabajo de Leticia durante un año ha consistido en adelgazar. Leticia ha hecho publicidad y ha posado para los catálogos de las mejores líneas especializadas en tallas grandes (Venca, Kanak, Carisal). No piensa dejar su trabajo como modelo, pero está «preparando unas oposiciones a administrativa», declara cándidamente. «He disfrutado un montón, pero en este momento de mi vida necesito seguridad».
Campeona de los rollos y michelines
Con 28 años y 90 kilos de peso, Beth Ditto, oronda líder de Gossip, es la punta de lanza del movimiento. Carece de inhibiciones y su seguridad en sí misma es aplastante. Los círculos más sofisticados de la moda se pelean por su amistad y las marcas de consumo también. Mattel ha lanzado la Barbie de Beth y su sección con consejos y comentarios en The Guardian ha sido muy comentada. Evans, marca para tallas grandes, le pide sus diseños para crear una línea: Beth se inspira en la moda geométrica de los años ochenta y es todo un éxito. También ha sido modelo de Torrid, marca californiana de tallas grandes.
Adele Adkins también se niega a adelgazar: «Sólo perderé peso si afectase a mi salud o a mi vida sexual». Su nombre artístico es simplemente Adele y es cantante. Ha ganado dos premios Grammy, y Gordon Brown, premier británico, le escribió agradeciendo las divisas que el éxito de su primer disco está haciendo ganar al país. Annie Leibovitz la ha fotografiado para Vogue y la propia Anna Wintour eligió su vestido para la entrega de los Grammy. Su carrera empezó por casualidad: un amigo colgó sus canciones en MySpace y cuando un sello discográfico contactó con ella, Adele pensó que se trataba de una broma. A nadie le ha importado que sea gorda o delgada: sólo que cante bien.
Como ella, la poetisa, actriz y cantante Jill Scott ha ganado tres Grammy. Gasta la talla 48 y nunca se ha sentido discriminada por gorda. Al contrario, para dar veracidad a su papel de mujer maltratada en Why did I get married?, Jill tuvo que engordar 15 kilos a base de galletitas con queso, además de cargar con varios kilos de relleno durante el rodaje. También aparece extremadamente gorda en The No. 1 Ladies’Detective Agency, la serie de la BBC que protagoniza. Cuando decidió convertirse en actriz tuvo que aceptar toda clase de trabajos subordinados a cambio de sus clases de interpretación y ha puesto en marcha una fundación que da becas a los estudiantes pobres para ayudar a los que se hallan en una situación similar. La creación de una línea de sujetadores (Jill Scott’s Butterfly Collection) para una conocida marca de tallas grandes es, más que un negocio, un gesto reivindicativo para las mujeres pasadas de peso. El año pasado aceptó salir desnuda en la revista Allure.
El éxito personal de todas estas supermujeres es la prueba de que la autoestima no tiene cintura y la belleza viene en todas las tallas. «Mi consejo es quiérete a ti misma —termina Velvet—. Una vez estés en paz con tu cuerpo, un mundo entero se abrirá ante ti, un mundo al que no vas a tener acceso si te empeñas en seguir odiándote a ti misma».

1 comentario:

  1. Cada vez me gustan menos las modas. Somo exclavos auténticos de ellas. Y puede ser gracioso, como que vuelvan las modas de las hombreras y cardados de los años 80, pero puede ser terriblemente trágico, cuando se trata de jugar con el cuerpo humano. Y las personas que no se dan cuenta desgraciadamente puede sufrir enfermedades graves

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